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LA ESCRIBANIA

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Tormenta en el Corazón

Hoy aquí sentado en esta habitación que me
 parece tan solitaria desde que te has ido, retumban
 en cada rincón las palabras que dijiste la noche
 que me abandonaste a mi entera suerte, con la
camisa mojada por tus lagrimas, con el corazón
roto por tu mirada, si, esa mirada tan seca y fría
 con la que me has dejado puestas las ilusiones,
estas ilusiones que gritan de desesperación
 cuando cada una de ellas ve como la compañera
 de a un lado cae en un vacío mas grande que el
infierno y también mas obscuro que tus ojos, más
 obscuro que mi propia muerte, ¿donde está ahora?
 no lo sé, no lo quiero saber tampoco, recuerdo que
 quise decir algo, y por unos segundos esperaste
es la puerta a que yo hablara, no lo hice y no lo
haré ya más nunca, las palabras han quedado
ahogadas en mi garganta, y son ahora el peso
 de ellas las que no me dejan respirar este aire
 lleno de ese aroma tan tuyo, de tus cosas, de tus
recuerdos, este aire que no me sirve para vivir si
no es el que sale de tu boca con las palabras que
antes eran para mi más ligeras que el mismo
viento y que hoy se arremolinan en mi corazón
como una tormenta de arena, de características
devastadoras, que van erosionando este 
corazón desde sus entrañas, este corazón que
un día estaba en tus manos y que hoy esta en
el más lejano de los olvidos del  maldirto tiempo que te regale.
 Con este olvido tan mío
y con este recuerdo tan tuyo que
 no hace otra cosa que estremecer mis sentidos,
secándome la boca con  las saladas lágrimas de
estos ojos resecos de llorar y de pasar las veladas
 larguisimas de cansancio, con los ojos al viento
buscando escuchar un sonido que se parezca a tu voz.
 
No te canses de caminar en busca del olvido porque
 no lo lograras, te has quedado tan sola en esta
 soledad que a mi me has recetado y esta soledad
 te acompañará siempre, y desde lo más profundo
 de tu alma vas a recordarme, sin importar quien
 esté a tu lado, te condena tu recuerdo y te ata a
la cadena que has dejado clavada en mi ser cuando
 llorando te marchaste, después de decirme te amo, pero no me quedaré.
 
 
 
Joaquín Aleman Calzada.